Lo fácil que sería
Clase de baile a las 10 de la mañana. Me despierto sin demasiados problemas, aunque posponiendo la alarma. Me doy cuenta de lo mucho que ha afectado a mi ánimo arreglarme la persiana, llevaba atascada más de tres semanas en las que mi habitación solo conseguía un cuarto de luz natural. Pero hoy he dormido bien y tengo luz, tengo sábanas limpias de ayer y me doy cuenta de lo mucho que ha afectado cambiarlas y lo poco que quiero confesar el tiempo que llevaba procrastinándolo.
No desayuno porque no he planeado levantarme con suficiente tiempo. Como casi todas las veces que me voy de casa me doy menos tiempo para prepararme del que debería y arrastro el final de mi rutina con una sensación de urgencia totalmente evitable. Me doy cuenta de que esto lo he hecho muchas otras veces y me he ido con una narrativa cuadrada y rígida — que no tengo arreglo, que hago las cosas mal, que mi día debería darse por vencido. Hoy he hecho lo mismo de siempre pero no ha sido así. No sé a qué atribuirlo.
Cojo el metro a la hora a la que debería entrar por la puerta de clase, pero me pongo música que me gusta y miro el vagón en vez de mi pantalla, porque sé lo que me afecta tener tantos estímulos a la vez y la música ya me da suficiente chute. Una mujer grita a cuánto vende sus chupa chups o sus garrapiñadas o lo que mierdas sea, no le presto mucha atención. Mis auriculares no valen más de veinte euros así que su voz se mezcla con mi música pero lo permito. Normalmente cuando me doy cuenta de que no podré escuchar lo que quiero en paz decido, otra vez, que mi día ya no vale la pena. Hoy dejo que pase gritando por el vagón y no me importa. Voy a ensayar y llego diez minutos tarde, no me pierdo demasiado. Son tres horas bastante pesadas, vamos fatal de tiempo y solo nos queda un ensayo hasta irnos a Valencia a competir. La gente resopla por lo bajo, se dan cuenta de lo mucho que falta para terminar, de lo mal que podría salir, de que están habiendo todavía cambios en el montaje y no parece que vayamos a terminar hoy. Yo respiro y dejo que todo pase. Puedo ver la nube de estrés formándose a mi alrededor y sé lo fácil que sería para mí aspirarla entera.
Salimos, charlamos un rato, vuelvo a casa y me aseguro de haber contestado a todos mis mensajes, porque sé lo fácil que es para mí marcarlos como no leídos y volver con el rabo entre las piernas a los tres días. Veo mensajes de mi padre, los enlaces que me manda y nunca abro y sé que nada me sería más fácil que aspirar esa nube ahora mismo, pero le contesto y dejo de intentar luchar con la corriente. Hace un día increíble y quiero salir al sol.
Como con un vídeo de hora y cuarenta porque sé lo fácil que es mentirme a mí mismo y pasar tres horas mirando vídeos de diez minutos sin parar. Es un podcast de Rich Roll con Tom Holland de hace un año. Habla sobre muchas cosas, entre ellas de su proceso de dejar el alcohol, de cómo se da cuenta de que tiene un problema en el momento en el que se propone dejarlo solo durante un mes y prácticamente no puede. Me doy cuenta, a su vez, de que si me planteara dejar los estímulos de las redes y el móvil no sería capaz ni aunque fuera durante un periodo limitado. Me suele abrumar esa idea pero acepto que es un hecho y pienso en que mucha gente está igual y poca quiere admitirlo.
Sabes cuando los surferos dicen que cuando se caen o les golpea una ola grande, lo peor que puedes hacer es ponerte tenso; tienes que dejarte llevar un poco y aceptar lo que venga. Yo siempre noto que, si salgo a la calle e intento resistirme […] acabo teniendo un peor día. […] Es como nadar a contracorriente.
— TOM HOLLAND: Launching A Second Career, Living Alcohol-Free, & Acting With Authenticity | Rich Roll (trad.)
Me doy cuenta, sobre todo, de que he terminado ya de comer y se me plantea la posibilidad de una tarde que sé bien cómo acaba: me diré que tengo que hacer mi TFG, me preparé para ir a la biblioteca y lo procrastinaré hasta que sea demasiado tarde y cierre, merendaré en casa y diré que haré algo aquí hasta que sea demasiado tarde y me tenga que ir a dormir. No quiero que ese sea mi día. Así que escribo esto corriendo, porque verdaderamente me apetece, y aunque me apetece también quedarme y reeditarlo sé que es solo una excusa más para que me cierre la biblioteca, así que aguanto las ganas. Me tomo mi café y me preparo para salir. Espero que algo de lo que sea que me haya ocurrido hoy me ocurra mañana, porque hace meses que lo único que hago es darme cuenta de que es demasiado tarde y me tengo que ir a dormir. Publico esto y me voy.




MIRA JO PASO esq ets el milllor joder escriuuus q dona gust ahhhhhh moruuuu
Me gustan mucho estos relatos de un día ordinario en la vida de una persona ordinaria, todos estamos en la misma lucha contra el consumo de estímulos y formas que nos buscamos para evadir lo que nos está incomodando y haciendo tanto ruido como sociedad pero igual y como dices, tal vez es mejor solo dejarse llevar y ver qué pasa.. 🚀